jueves, 15 de julio de 2010

El Movimiento Obrero Argentino desde 1930 a 1960

Desde la política ejercida por Hipólito Yrigoyen sobre los obreros, el modo de trato y resolver las demandas, no a la de todos, sino a aquellos vinculados con la economía agroexportadora, ferroviarios y portuarios. Las vinculaciones entre los sindicalistas y el Presidente y sus intereses para restar espacio político y sindical al Socialismo. Como una estrategia a utilizar para con la política con el objeto de lograr la agremiación masiva y el mejoramiento económico, sin que por esto implique cambios en sus posiciones principistas de rechazo a las relaciones formales entre el Estado y/o los partidos. A raíz de estos vínculos la UCR de Yrigoyen crea un área dentro de la organización del partido dedicada a la captación del voto obrero.

En la década del ’30 y a raíz de la crisis del ’29, Argentina con una economía abierta sufre los vaivenes de los precios internacionales, aunque estas circunstancias no son excepcionales para el país. La inestabilidad de las exportaciones y de la entrada de capitales fue fuerte generador de inestabilidad. Los sueldos y ganancias no sufrieron demasiados cambios, en tanto que en el primer quinquenio la disminución fue similar al del costo de vida, es decir un 20 por ciento. En el siguiente quinquenio resulta una transferencia de ingresos del campo a la ciudad, los salarios tuvieron una tendencia a la disminución aunque en las zonas urbanas el empleo en las industrias generó un aumento del 14 por ciento.

En lo que va de la década del ’30 al ’43 el movimiento obrero se debatía entre dos factores, las tentativas por construir una central obrera única, a la europea, de socialistas, comunistas y sindicalistas; y la irrupción de crecientes masas de trabajadores nativos que se desplazan de áreas rurales a las urbanas y que provocaron un considerable impacto en la estructura social de la Nación. Las masas estaban a merced de los empresarios que eran los mismos jefes políticos, sobre todo en el interior del país, en los ingenios y yerbatales, minas y los obrajes. Surge un profundo resentimiento popular contra los grupos dirigentes y escepticismo político. Las masas abandonaron la militancia política y se situaron el de la lucha social. El 27 de septiembre de 1930 a 21 días del golpe contra Yrigoyen, se forma la Confederación General del Trabajo (CGT). Producto de la unificación de dos grupos obreros anteriores: la Unión Sindical Argentina (USA), dirigida por sindicalistas y anarquistas contrarios a todo abanderamiento de la organización laboral en una ideología política determinada; y la Confederación Obrera Argentina (COA), de orientación socialista. Los Anarquistas de la FORA que daban marginados del nucleamiento. En sus prolegómenos la CGT destacó su carácter de organización autónoma de la clase obrera, independiente de todo partido político o agrupación ideológica y, por tanto, prescindente en las acciones que éstos lleven a cabo. Se trataba de una organización con poca fuerza de afiliación a causa de la conformación de las masas obreras argentinas. En los primeros años solo enrolaba a una minoría de la clase obrera, textil, metalúrgica, cárnica, alimenticia y similar. Los obreros del azúcar, por ejemplo, carecían de organización y en cuanto a los sindicatos rurales, apenas comprendían a muy pequeñas minorías. Con todo hacia 1935, el proletariado industrial alcanzaba a 534 mil obreros, mientras que el agrícola llegaba a 800 mil.

En su interior la CGT tenía luchas por el control de la dirección, los dirigentes no renovaban los cargos y recurrían a situaciones provisionales preexistentes. En 1936 se convoca el Congreso Constituyente de la CGT y sanciona su estatuto. En 1937 se eligen nuevas autoridades en las que José Domenech (Ferroviario) se define como secretario general de la central obrera. En el recambio presidencial de 1938 la CGT no da muestra de atisbos. Durante su primer congreso en 1939 discutió la situación de los obreros de los frigoríficos, de la construcción, textiles, yerbateros y de los ingenios azucareros, sometidos a inhumana explotación, y reiteró sus demandas por beneficios sociales que se consideraban indispensables, los mismos que la bancada socialista en el parlamento dejaba documentado en proyectos que dormían en comisiones o se aprobaban con retaceos que los invalidaban. Fueron los socialistas los que formularon principios y normas legales sobre derecho laboral y de previsión social, que sin embargo eran minuciosamente recortados por la mayoría oficialista o desvirtuados en sus alcances por una jurisprudencia regresiva. Guillermo Korn, diputado socialista, refiriéndose a las condiciones de trabajo de los frigoríficos, manifestaba en la cámara “Todas las leyes que protegen a los obreros, son mañosamente eludidas por las empresas de los frigoríficos. La organización gremial es perseguida. Los accidentes de trabajo se disimulan. Profesionales a sueldo burlan el derecho de indemnización de los afectados, cuya ignorancia de las leyes los llevan a ser víctimas de vividores poco escrupulosos dispuestos a transigir con las empresas a espaldas del cliente”. Juan Antonio Solari, del mismo partido, al referirse a la industria azucarera “Hemos visto en Chumbicha, Catamarca a los trabajadores viajando en vagones destinados a cargas y transporte de ganado, trenes negreros que vienen de Salta, cargado, en un hacinamiento inmundo, con niños, mujeres y hombres, muchos de ellos ebrios, al mando del contratista, de un negrero, como se llaman a los conchabadotes siniestros del norte argentino; y nuestra conciencia de diputados argentinos se ha rebelado ante tanta injusticia.

Durante la década del ’30 los conservadores comienzan a practicar una política que favorece la participación corporativa obrera en detrimento de la participación partidaria. La fractura entre Partido y sindicatos socialistas se hará más honda en las décadas de 1930/40, el partido tendrá ocasión de apreciar un notable proceso de trasvasamiento de dirigentes y cuadros medios obreros socialistas al proyecto del coronel Juan Domingo Perón a posterior del ’43. El Nacionalismo en auge, condenaba a los empresarios explotadores que empujaban a los trabajadores al descontento; por consiguiente, la armonía social estaba basada en salarios decentes y condiciones laborales dignas. Sin embargo conservaron una actitud crítica con respecto a la organización del movimiento obrero. Fresco, Gobernador del mayor centro industrializado del país, Buenos Aires insistía en controlar al movimiento obrero para sentar las bases de un sistema corporativo. El mayor temor de la Derecha seguía siendo el potencial revolucionario de los obreros industriales. Su objetivo era formar organizaciones derechistas de obreros controladas por el Estado. Perón pondría en práctica muchas de las ideas de Fresco sobre las relaciones laborales.

Con el advenimiento de la Segunda Guerra mundial los comunistas piden la unidad sindical y el fortalecimiento de la CGT para “acelerar el proceso de consolidación democrática y antifacista e impedir que nuestro país fuera arrastrado a la guerra al lado de las potencias del Eje Roma-Berlín-Tokio”. Los militantes de tradición sindicalista, pese a compartir genéricamente esta postura, estarán más inclinados en el campo gremial a ser complacientes con la política del ya presiente Castillo y los socialistas continuarán disputando la dirección de la Central Obrera a los comunistas. Cuando el Comité Central Confederal se reúne en octubre de 1942, su resolución principal solicita al primer mandatario “la ruptura de relaciones con Alemania, Italia y Japón”. El Segundo Congreso de la CGT en diciembre de 1942 reitera ante los poderes públicos su preocupación por el agio y la carestía de la vida, solicita aumento de jornales y el establecimiento del salario mínimo, pero otra vez la respuesta es negativa.

A principios de 1943 los gremios adheridos a la CGT tenían la siguiente configuración: los comunistas controlaban los sindicatos de la construcción, madera, carne, metalúrgicos, gráficos; los socialistas: los empleados de comercio, obreros municipales, trabajadores del Estado, La Fraternidad; los Sindicalistas: la Unión Ferroviaria, la Unión Tranviarios y los cerveceros. Cuando llega el momento de elegir el nuevo Comité Central Confederal, se presentan a votación dos listas, la N° 1 encabezada por Domenech y la N° 2 por el socialista Fco. Pérez Leirós. Las irregularidades en la emisión de sufragios –puede que como reflejo de lo que sucedía en la arena política- son una de las causas que provoca la escisión de la central en dos: la N° 1 (ferroviarios, tranviarios y cerveceros serán su base) y la N° 2 (construcción, fraternales, gráficos, comercio, alimentación, metalúrgicos, del Estado y de la madera), a cargo de Domenech y Pérez Leirós, respectivamente. Así llega al 4 de Junio de 1943, oportunidad del golpe militar. En abril de 1943, el Departamento Nacional del Trabajo elevó un informe al Ministerio del Interior, de quién dependía, que señala su alarma frente al estado de cosas imperante, y en que manifiesta que pese al ascenso de la industria, “la situación del trabajador argentino se ha deteriorado”, y mientras las empresas cosechan importantes beneficios, “aumenta constantemente la brecha entre los salarios y el costo de vida”. Fuera de los comunicados y las gestiones administrativas de la CGT, el período ’30 – ’43 muestra la combatividad de ciertos sectores, tranviarios, telefónicos y agricultores en 1932, madereros en 1934, de la construcción en el ’36, colectiveros en el ’42. Todo esto a pesar de que la tasa de afiliación de los industriales no alcanzaba el 30 por ciento del total. Los industriales de Buenos Aires correspondían al viejo y minoritario sector proveniente de la inmigración europea, encerrados en el reformismo clásico y dirigido por una vieja burocracia. Germinaba, entretanto, otro tipo de trabajadores –los desencantados por la política gremial de los dirigentes de la CGT y los partidos de izquierda, y el caudal migratorio que henchía las ciudades y las fábricas- con aspiraciones más concretas, menos doctrinarias, menos internacionalistas, que proveerían a Perón de su sustento más sólido pocos años después.

El 4 de Junio de 1943 se concibió como la oportunidad histórica para reorganizar las bases institucionales del país, después de la década llamada “infame” signada por la corrupción y el fraude electoral permanente. Los militares a cargo del gobierno nacional intervinieron los Partidos, los Sindicatos, a los grupos de izquierda y decretaron la enseñanza religiosa.

Desde el Departamento Nacional de Trabajo, que luego elevó a Secretaría de Trabajo, se hizo cargo de las preocupaciones de las elites revolucionarias, otrora de la derecha y el nacionalismo, el temor al auge del comunismo en el país y en particular en el mundo del trabajo. Juan Domingo Perón se propuso desactivar esta amenaza mediante una política de concesiones a los trabajadores. Con ese fin tomó distancia de la reacción inicial de la Revolución de Junio, puramente regresiva, buscó un acercamiento con los principales dirigentes sindicales, exceptuando a los comunistas. Su iniciativa cayó sobre un movimiento obrero desarrollado en un clima hostil de la restauración conservadora de la década anterior y despertó las expectativas de unos cuadros sindicales que habían reclamado en vano en los años previos la protección estatal. Los resultados demoraron en aflorar por el poco peso político de Perón, sólo esperaron hasta mediados del ’44, a partir de allí se convirtieron en una rotunda e innovadora realidad: los poderes públicos irrumpieron en la vida de las empresas imponiendo la negociación colectiva, estimulando la afiliación. La apertura laboral fue recibida con cierta desazón por parte de los empresarios y el mundo de los negocios. En realidad la idea de soportar algunos sacrificios ante la inminente crisis de una revolución social inminente lo valía con tal de evitarlo. En realidad el temor se encontraba en la figura de Juan D. Perón que desde la Secretaria del Trabajo alentaba la movilización obrera y exasperaba las tensiones laborales, temor a la acumulación de poder y de su transformación en árbitro de la paz social. No demorarían mucho en reunirse los opositores a Perón y a su metodología respecto de la Secretaría del Trabajo, pedían su rendición incondicional, atravesado por ideologías antifacistas que determinaba la segunda guerra mundial. Ante esto los sindicatos se vieron obligados a tomar partido para preservar los beneficios adquiridos por las reformas laborales. Perón, estratégicamente, llamó a las masas a la movilización contra el complot. El 19 de septiembre la Junta de Coordinación Democrática, crítica de Perón y a favor de su rendición, se manifestó con 240 mil personas y pedían la entrega del poder a la Corte Suprema. El gobierno dictó el Estado de Sitio y ocupó las Universidades, foco de la resistencia. El 9 de octubre la Guarnición de Campo de Mayo impuso a Perón la renuncia y su detención en la Isla Martín García. Una semana después recuperó el poder político pero esta vez convertido en líder de masas.

La CGT llamó a la huelga general el día 16 de octubre para el día 18 de octubre pero ya en la mañana siguiente los manifestantes comenzaron a fluir hacia la Plaza de Mayo con la consigna de la libertad a Perón. Poco antes del mediodía los oficiales de Campo de Mayo solicitaron al Presidente autorización para avanzar sobre la ciudad y empezar la represión. Ávalos negó su consentimiento y pidió tiempo, era claro que con el paso de las horas no tenía plan alguno. Con la aparición de Perón en el balcón de la Casa Rosada en la noche del 17 de octubre, aclamado por la muchedumbre, nació el movimiento peronista a la vida política nacional.

Ya en período de elecciones, los Sindicatos conformaron un partido político propio, atrás había quedado la idea de no conformar partidos, nace el Partido Laborista que junto a la UCR y el Partido Independiente postulan a Juan D. Perón y Hortencio Quijano. Del otro lado la Unión Democrática con la fórmula Tamborini-Mosca. La batalla electoral la marcaron la decisión del Presidente de hacer valer un decreto firmado por Perón antes de dejar la Secretaría de Trabajo en la que establecía un aumento de salarios, la extensión de las vacaciones pagas a la mayoría de los trabajadores, el aumento de las indemnizaciones por despido; además creaba el sueldo anual complementario o aguinaldo, con indicaciones de que comenzaba a regir inmediatamente y debía abonarse a fines del corriente año. La respuesta fue argumentarlo como inconstitucional y los empresarios se negaron a pagarlo, esto desató en la masa obrera un paro y ocupación de tiendas y fábricas de la Capital y de la periferia el día 8 de enero, a posterior se agravó y los empresarios decidieron un cierre de establecimientos el día 13, 14 y 15 de enero. Por tres días se pararon las actividades en el país y con ella la campaña. La Unión Democrática tuvo que cuestionar las medidas quedando en una encerrona que diluía su perfil socialmente progresista en su plataforma. Perón lo definió de esta manera “En nuestra patria no se debate un problema entre libertad y o tiranía, democracia o totalitarismo”, “lo que está de fondo del drama argentino su debate, es simplemente un partido de campeonato entre justicia social e injusticia social”. Una vez ganadas las elecciones Perón prosiguió ensanchando los cambios en el nivel de vida de las clases trabajadoras mediante las políticas de un incipiente Estado Benefactor: el congelamiento de los alquileres, la fijación de salarios mínimos, el establecimiento de precios máximos a los artículos de consumo popular, los créditos y los planes de vivienda, las mejoras en la oferta de salud pública, los programas de turismo social, la construcción de escuelas y colegios, la organización del sistema de seguridad social. Junto a estas políticas de democratización del bienestar desde el gobierno se otorgó una dignidad hasta entonces desconocida a los valores y las prácticas en el mundo del trabajo. Por los derechos que consagraba, por los bienes que ponía a su disposición, la justicia social condujo a una mayor integración sociopolítica de los trabajadores.

Lejos de generar consensos en todas las clases y poderes, el Peronismo y sus reformas populistas tendientes a el establecimiento del Estado de Bienestar y reducción de la brecha entre incluidos al sistema y excluidos, generó fuerte rechazo de las clases antiguamente dominantes y de los grupos concentrados de poder, comenzó a ser creciente el rechazo dentro del mismo sindicalismo al que organizó, unió y amalgamó de acuerdo a sus necesidades de construcción de poder, ya sea por la vía pacífica o a través de una fuerte imposición autoritaria, a fuerzas de normas y leyes que se hacían cumplir a rajatabla. Los actores clave del surgimiento del Peronismo es la clase obrera, aquellos inmigrantes recientes, que provenientes de las áreas rurales pasaban a engrosar las filas del nuevo proletariado industrial de Buenos Aires, comenzó a establecerse alrededor de mediados de la década del ’30 y ’40. Esta población trasplantada al ámbito urbano tenía como característica la falta de un líder político o líderes, sin organizaciones propias y sin valores consolidados. Proletariado anómico por su falta de sentido de pertenencia en lo temporal y espacial. Así los obreros industriales y su prole se transformaron en “masas en estado de disponibilidad” permeables a la oferta de un liderazgo carismático. La predisposición cultural a los caudillos como Perón, a través de la concesión de ventajas materiales y sucedáneas de participación política. En consonancia con este tipo de participación, el carisma de Perón habría operado como instancia de relación directa entre el líder y sus seguidores, el proletariado.

El fenómeno de cooptación utilizado para identificar la inclusión de los trabajadores en el sistema político, pero como un actor heterónomo – no autónomo – y controlado organizativamente desde el Estado. A través de la utilización de mecanismos de representación de intereses, los sindicatos, controlados por el Estado pero que articulaban sus demandas y la selección de sus dirigentes. De este modo las asociaciones de interés sectoriales operarían – no exclusivamente – como infraestructura institucional de populismo.

En lo que refiere a estas asociaciones de interés sectoriales, los sindicatos que representaban a los trabajadores, los había los “viejos” formados con anterioridad a 1930 (Unión Ferroviaria, Trabajadores del Estado), los “nuevos”, construidos con la industrialización de la década del ’30 (eléctricos, químicos, textil, etc.), y los “paralelos” impulsados por Perón desde el aparato estatal como alternativa a los ya existentes, en oposición a las direcciones comunistas y socialistas. La función que desempeñaron los “viejos” sindicatos y dirigentes en la configuración de la alianza que llevaría a Perón al poder, alianza entre clase obrera y élite política. Los dirigentes “viejos” vieron en el Peronismo la concreción de muchas de sus peticiones nunca escuchadas y en tono con sus prácticas reformistas de la clase obrera y el abanico de soluciones implementadas desde el gobierno tornaba viable la alianza. El movimiento obrero estableció un pacto con el Peronismo, esto denota una autonomía de sus actos, tenían un margen de maniobra que hacía que su líder político tenga que validar constantemente su autoridad sobre las masas por medio de la renegociación.

La organización de la clase obrera en el interior del país fue mas dispar, los bolsones de pobreza, el grado de sometimiento de los trabajadores tanto a sus patrones como a sus líderes políticos, marcaba la existencia de feudos. El Peronismo muchas veces por necesidades electorales recurre a estos dirigentes en detrimento de los intereses de los trabajadores. Las organizaciones obreras en el interior fueron, en casos como Tucumán, reprimidas por el Peronismo por no alinearse a las directivas y tendencias de su liderazgo, el arma legal utilizada era la intervención y posterior desmembramiento de sus integrantes. Surge también una relación entre los créditos que otorgaba el Estado así como los subsidios, los grandes propietarios de los Ingenios en Tucumán recibían estos ingresos vía la Banca y financiaban los aumentos progresivos de los trabajadores. El Estado se hacía cargo de los costos auxiliando a los poderosos azucareros.

Otras miradas hacia lo que fue el desarrollo de los movimientos obreros y sindicales, del resultado de su inclusión en la sociedad política y por su puesto en la cuota de poder que reclamaba hacia las clases que antes fueron las hegemónicas, se traducen en fuertes tendencias hacia la caracterización del movimiento obrero como “oportunistas” en el reparto de beneficios del Estado y de los frutos de una sociedad rica, social y culturalmente. Se consideraba la existencia de una cultura para las minorías y las formas comercializadas de diversión para las masas, de que la participación en la dirección política es para las élites y las masas solo participan con el voto, que es la forma fundamental de mantenimiento de la democracia, “El centro de la cuestión reside en que esta simple verdad se le haga conciente, que la sienta como algo real y concreto…”. Los trabajadores y obreros sólo fueron masas disponibles para un líder autoritario que aprovechando la falta de experiencia sindical y de politización, su formación reciente, sin tradiciones y prestigio, fueron llevadas de la mano y no por autodeterminación. A la caída del Peronismo se creía que habían perdido una libertad que en realidad nunca habían tenido, la participación en la alta política era ficticia, la libertad de ejercicio de sus derechos frente a sus patrones, para estas masas la seudolibertad de la dictadura fue la única experiencia directa de una afirmación de los propios derechos.

En la oposición a la experiencia Peronista los partidos que se sentían marginados del reparto de la política, el Socialismo, Comunismo parte del Radicalismo, trataron de llamar la atención de las masas obreras, o bien, buscaron acciones radicales en oposición al gobierno, reuniones con grupos de poder concentrado, nacionales o internacionales. Reuniones con representantes diplomáticos que comprometían su apoyo a la lucha contra la “dictadura” Peronista liberalizadora de las fuerzas obreras que desestabilizan la sociedad y quitan los réditos a las otrora clases dominantes. Utilizando terminología propias de la segunda guerra intentaban dar un carácter nazi-fascista al gobierno. Sin embargo los obreros no se dejaban engañar tan fácilmente por estos partidos, tenían una fuerte tendencia nacionalista, un rechazo al colonialismo y reivindicaban la soberanía nacional, en contra del poder oligárquico imperial, de la libre empresa del individualismo económico, propio de fines de la década del’30.

Durante el período 1945-1964, se consideraba a la clase obrera, en algunos autores, al proletariado como la clase que tiene mayor probabilidad de actuar consecuentemente y hasta el fin como agente de cambio histórico capaz de construir la sociedad socialista, que en un país con las condiciones argentinas, es el que más probabilidades tiene de superar el atraso y alcanzar la modernización, algo que el capitalismo no pudo obtener. La clase obrera industrial llevaría la voz cantante en este nuevo desarrollo revolucionario, sin embargo desde 1955 la clase obrera se ha mantenido cerca del polo pasivo, sin reacción ni manifestación, reduciéndose a acatar pautas de conducta desde la dirección, daba signos de “quietismo”. Si rechazara el sistema imperante, se puede considerarla como agente de cambio, sin embargo en la situación actual actúa como conservadora del sistema es decir que al mantenerse sin originar cambios da signos de “conservadorismo”. El quietismo de la clase obrera llevó al fracaso de los grupos marxistas en los intentos de seducción y cooptación. La manifestaciones del quietismo se daban ante la falta de reacción hacia los grupos que constantemente los amedrentaba, cuando elegían a un gobernante y a las 24 horas la Nación anulaba la elección y no producía ni siquiera una movilización en protesta, quizás por seguir la consigna de Perón “de casa al trabajo y del trabajo a casa”. Otra caracterización es el “como si”. En la clase obrera el “como si” peronista dejo huellas profundas, dio a luz una propuesta poderosa institucional sindical que parecía “como si” fuera un producto surgido del seno de la clase obrera, pero en realidad le había sido dada desde arriba y desde allá se manejaba. Se incrementó la participación de los obreros en la renta nacional y pareció “como si” este y otros beneficios concedidos fueran conquistas obreras, pero en realidad la clase obrera los obtuvo sin lucha. Se organizó en movimientos masivos y manifestaciones “como si” fuera un combativo movimiento obrero revolucionario, pero en realidad todo ello era un libreto donde la clase obrera era masa de maniobra, teatro político. A todo ello los movimientos sindicales peronistas han heredado el arte de dirigir a la clase conforme a una política conservadora pero capaz de impresionar “como si” fuese revolucionaria “como si” rompiera los márgenes del quietismo o conservadurismo. El plan de lucha de la CGT de la toma de fábricas en abierto desafío a la propiedad privada de los medios de producción y planteando en cada fábrica el problema del poder. Incluso la toma de rehenes que resultaba explosivo y combatiente pero nunca pudo capitalizar ni hacer escuela con estos ejemplos. Se puede caracterizar al movimiento obrero como sujeto a las dádivas de un gobierno “bonapartista” que otorga beneficios sin pedir algo a cambio, como dádiva paternal. El sindicalismo burocratizado, la burocracia sindical, se encuentra alejada de las bases y solo ve las necesidades de la clase obrera a través del prisma de sus propios privilegios y subordina los intereses de la clase trabajadora a sus intereses y privilegios. Subordina los intereses de las causas a los intereses de la carrera. Por ello lo que más teme la burocracia no solamente la pérdida de sus privilegios, lo que más teme es la movilización autónoma de la clase obrera. La Revolución libertadora satisfizo su vocación y mandato esencialmente antiobrero y barrió militarmente a la burocracia sindical de entonces. Sin embargo la nueva burocracia sindical no distaba mucho de la anterior en cuanto a su quietismo y conservadorismo, lo fundamental era su autonomía del gobierno.

Posterior a la crisis económica post-peronista y los gobiernos desarrollistas, con la proscripción del único partido que unificaba a las masas obreras, con una fuerte presión y control sobre los sindicatos, se intentaba normalizar la fuerte efervescencia de una clase obrera, de reducir el rol e influencia alcanzada sobre la capacidad de los gobiernos de desarrollar políticas públicas.

La industrialización y el flujo de capitales, la modernización y el desarrollo de la clase media, tanto en lo económico como en lo intelectual, generó una nueva clase de trabajadores, capacitados y con nivel alto de conocimientos, incluso universitarios. Es en las fábricas donde el movimiento obrero parece resurgir, nuevas formas de implementación de la división del trabajo, de socialización del ingreso y las ganancias por parte del capital, dan forma a una mirada de tipo marxista y gramsciana de la situación. La modificación de las relaciones entre industria y sociedad no podía ser concebida, como hasta entonces lo había hecho la izquierda, como simples cambios dentro de una formación económico-social dada. La esencia del capitalismo y su estructura condicionante esencial respecto a los otros elementos es la “estructura técnico organizativa y explotación del trabajo de producción de los bienes materiales, como se concreta en las empresas industriales y en fin, en el sistema social denominado industrial”. El partido Comunista critica esta postura ya que se encuentra anquilosado, prefiere aferrarse a viejos planteos doctrinales antes que analizar estas posturas que se están dando en sus narices, prefieren atrincherarse en sus posturas arcaicas que partir de las modificaciones del nexo industria-sociedad. Se ve en las industria, en la fábrica, un nuevo mundo, en los cambios técnicos y organizativos producidos en su interior y de las modificaciones de las relaciones de trabajo, del nexo cada vez más estrecho entre fábrica y sociedad, de la oposición siempre más profunda entre proceso de socialización del trabajo y apropiación privada del producto social. Este análisis debe ser concebido como base de una acción cultural y por tanto ideológico-política, que tienda a elaborar una política de unidad de intelectualidad revolucionaria y clase obrera. Si la fábrica expresa el grado superior de desarrollo del capitalismo en la industria, es aquí donde la alienación del trabajo alcanza su pleno desarrollo, es también allí donde se abre la posibilidad para la clase obrera de comprenderse a sí misma. La toma de fábricas como Fiat, tendía a poner en el centro del conflicto el autoritarismo de Fiat. El verdadero rostro de Fiat apareció cuando llegó a los grados más extremos de presión para humillar y destrozar la organización obrera. Se trata de que los obreros asimilen esta experiencia si quieren superar la actual fase defensiva de acción política y sindical, de que comprendan que hasta las luchas más intensas pueden ser fácilmente absorbidas y encerradas en un marco corporativo si la lucha no pasa solo por el salario como ítem secundario, sino por la contradicción del capitalismo en la reproducción de la sociedad. Es innegable que en el plano de la acción político-sindical al conservatismo apuntado tiende a oponérsele la unidad de condición que muestra el proletariado ciudadano en su conjunto en determinados momentos de agudización de los conflictos sindicales y políticos. Un hecho notable es la unidad organizativa de las clases, que ha hecho fracasar hasta ahora la política patronal de aislar del resto de la clase obrera a las organizaciones sindicales de G. M. D. y de Kaiser, aún cuando lo haya logrado en el caso de Fiat, Concord y Materfer. Es así que el proletariado de una de las mayores concentraciones industriales del país permanece ajeno a las luchas sindicales y sometidos a una explotación brutal, con un reglamento interno de fábrica que asimila la fuerza de trabajo a un régimen militar. Es por ello que está en las fábricas el objeto revolucionario, por la alienación que sufre el trabajador en el proceso productivo, para relacionarla con la alienación que el trabajador sufre en la sociedad.

Conclusión

El movimiento obrero, a través de sus sindicatos, distó mucho de ser un movimiento cohesionado, ya desde la conformación de su Central Obrera Única la CGT. Se puede separar al movimiento obrero en dos etapas, la previa al ’43 y la posterior. En la primera etapa el movimiento obrero no tenía las condiciones legales (provistas por la constitución, la ley y el Estado) ni políticas para ejercer presión en pos de una modificación de las reglas de ampliación de los derechos de los trabajadores. Los intentos eran vanos dada la fuerte concentración del poder en clases dominantes, resabios de las dos décadas anteriores y del modelo económico instaurado. En la segunda etapa muchos factores se coaligaron para hacer surgir una nueva fase de la relación movimiento obrero y Estado, estos factores tenían tanto raigambre en las condiciones que se iniciaron en el último quinquenio de la década anterior, de movilización de trabajadores hacia los centros urbanos, una incipiente industrialización, la propensión de las organizaciones sindicales a reconfigurar el movimiento obrero y desde el Estado el dar lugar a los reclamos de las masas obreras.

Es durante el interregno de Juan D. Perón que el sindicalismo logra cohesión y homogeneidad, voluntariamente en un principio y por medio de la coacción en varias oportunidades. Las masas obreras vivían en una situación de niños mimados de las políticas del Estado, el Líder las acunaba y las masas daban su apoyo político electoral. El Estado de Bienestar, de la mano del populismo, estaba en pleno auge. Sin embargo la crisis económica de la segunda parte del mandato democrático de Perón provocó una fuerte desestabilización de su gobierno y provocó su caída. Los sindicatos devinieron en Burocráticos y se desconectaban cada vez más de las masas trabajadoras.

Las clases que en algún momento pactaron con Perón, rompieron el equilibrio y tumbaron la balanza, desarticularon muchas medidas de la década Peronista, desactivaron los sindicatos, desconectaron a la clase obrera de su conexión directa con el poder y de su capacidad de incidir en las decisiones de políticas públicas. Se marcaron como revolucionarios y libertadores, hay que ver de quiénes. Las masas obreras sufrieron su persecución tanto como trabajadores como ideológicamente, el partido que las cohesionaba estaba proscripto y los sindicatos intervenidos. Quedaron solos ante la Revolución Libertadora, huérfanos. De tener identidad a no tenerla.

Las centrales obreras, la CGT, con el tiempo fue tomando fuerza e intentaba rearmar el aparato sindical. Los trabajadores volvieron a la lucha paulatinamente, las condiciones socioeconómicas no eran las mismas, el escenario era distinto. Ya no se luchaba contra intereses nacionales sino con fuertes y poderosos intereses multinacionales con una visión distinta del desarrollo capitalista, nuevas técnicas y tecnologías. Así también surgieron nuevas formas de dominación y sometimiento, sumado a la intransigencia de los gobiernos.

Lo esencial es que las batallas del movimiento obrero en su mayoría se fueron obteniendo, ganando espacio en el Estado. Si bien no existió un continuo político si existieron las mismas aspiraciones de partes de los trabajadores.

Bibliografía

Arturo O’Connell, La Argentina de la Depresión: los problemas de una economía abierta (Desarrollo Económico Vol. 23 Enero Marzo de 1984 – Bs. As.)

Ciria, Cantón y Moreno, Crisis Económica y Restauración Política 1930-1943. (Paidós – 1980)

Louise M. Doyon. La Organización del Movimiento Sindical Peronista 1946-1955 (Desarrollo Económico N° 94 – 1984 – Bs. As.)

Juan C. Torres. La Trayectoria de la Vieja Guardia Sindical ante el Peronismo. (Biblos – 1995- Bs. As.).

Macor y Tcach. El Enigma Peronista (Universidad Nacional del Litoral 2003 – Santa Fe)

Gino Germani. La Integración de las Masas a la Vida Política y al Totalitarismo (Paidós 1962 – Bs. As.)

Hernán Camarero. Claves para la Relectura de un Clásico (Siglo XXI reed. 2004 – Bs. As.)

Milcíades Peña. Industrialización y Clases Sociales en la Argentina (Hyspamérica 1986, 1° edic. 1964)

José Aricó. La Condición Obrera (Editorial “Pasado y Presente” Año II N° 8 – 1965 - Cordoba)

Dolkhart, Ronald. La Derecha Durante la Década Infame 1930-1943 (Ediciones B – 2001 – Bs. As.)

Juan C. Torres. Los Años Peronistas 1943-1955 (Nueva Historia Argentina – Sudamericana t. VIII – 2002 – Bs. As.)

jueves, 24 de diciembre de 2009

Deseos

_Los que saben nos dicen que los seres humanos se miden por sus hechos y no por sus deseos. Mucho podemos desear ser pero poco somos lo que deseamos. Sin embargo hay oportunidades en la que tenemos la posibilidad de ser más de lo que somos y deseamos. En estas ocasiones es cuando se producen grandes cambios ó al menos la intro a ellos, el puntapié inicial, sentar las bases para el desarrollo futuro.
_Tal es el caso de Latinoamérica en el contexto actual. Independiente de presiones externas, con gobiernos flexibles, progresistas, socialistas, más populares. Sobre todo con un nivel de independencia económica pocas veces visto, " a pesar de lo que digan, es así".
_Desembarazarse de los países centrales y de sus instituciones satélites es escencial para un desarrollo a largo plazo, autónomo y sustentable. Sobre todo a nuestro estilo, es decir Latinoamericano, con nuestros deseos, nuestras posibilidades y sobre todo las necesidades que los habitantes de nuestras ricas tierras deben tener.
_¿Utópico?. No lo creo. Las posibilidades son altas, el deseo de cambio es amplio. Las mayorías acompañan. Tenemos las herramientas, tenemos el Know How, hemos demostrado ser capaces de ponernos al mismo nivel que los países de primer mundo en cuanto al nivel de desarrollo científico.
_Estos son momentos en los cuales los deseos se unen a aquello que en realidad somos.

Una Abrazo

jueves, 16 de julio de 2009

Democracia vs. Golpe de Estado

Honduras tras el Golpe de Estado

_Es anecdótico que mientras nosotros teníamos nuestras elecciones legislativas, en otro país de Latinoamérica se sucedía un acontecimiento que ya se consideraba superado para nuestro hemisferio. Sin embargo hay más de una situación que se pueden considerar como intentos planificados de derrocamientos presidenciales en nuestro Cono Sur, tal es el caso de Bolivia, Venezuela y de desestabilización como en Ecuador, Brasil y Argentina. Y esto en los últimos 6 años.
_El rechazo a la expulsión del presidente Manuel Zelaya de Honduras, la elección del dictador que lo sucedería, Roberto Micheletti, con la lectura de una supuesta renuncia del depuesto Zelaya, conllevó el repudio de la Unión Europea, el Grupo de Río en palabras de su actual presidente el mexicano Felipe Calderón, de parte del MERCOSUR, por parte de la OEA presidida por el Canciller Argentino Jorge Taiana y de su Secretario General, el Chileno José Manuel Insulza., también el ALBA. La Organuzación de las Naciones Unidas también se sumó al pedido de inmediata reposición del Presidente Manuel Zelaya. Además de presidentes de muchos países como de EEUU Barack Obama, de España Rodriguez Zapatero, de Bolivia Evo Morales, de Argentina, Cristina Fernández, de Ecuador, Guatemala, Venezuela, Costa Rica, Chile, Paraguay, entre otros muchos. Así también el Banco Mundial suspendió la línea de créditos y La Corte Interamericana de Derechos Humanos envió a visores que garantizen el cumplimiento de los derechos humanos en Honduras. A ecepción de EEUU, la mayoría de los países de Latinoamérica retiró a sus embajadores, España hizo lo mismo e invitó a sus pares de la UE para que tomen la misma medida, como protesta frente al Golpe de Estado.
_De más estaría ponerme a describir como se sucedieron los hechos, mi interés es mostrar las posibles circunstancias que llevaron a que se produjera el Golpe, y agregar algunas teorizaciones al respecto.
_¿Cuánto se puede sostener una dictadura si la mayoría de los países y las organizaciones que los aglutinan, ONU, OEA, ALBA, MERCOSUR, Grupo Río, UE, etc. le quitan su apoyo? de acuerdo al razonamiento del Secretario General de la OEA
“Sin reconocimiento legal, sin recursos, sin ser admitido en ningún organismo internacional, la dictadura no es capaz de sostenerse” . ¿Quién es Manuel Zelaya? Considerado, por los que lo conocen, como un pequeño burgués, hijo de un empresario maderero, estudió en colegios católicos, donde le enseñaban Voltaire y Rousseau, además de los Franceses leían a los Sacerdotes de la Teología de la Liberación. Hizo carrera Universitaria en Ingeniería Civil, carrera que abandonó, al igual que los libros y la filosofía política, para dedicarse a la industria maderera familiar. No es considerado un gran orador, aunque detrás de este tupido bigote esboza una constante sonrisa y una natural capacidad para agradar a las personas, nombra constantemente a Dios y viste usualmente de camisa blanca y un enorme sombrero blanco, como símbolo de los antiguos terratenientes de la antigua "Banana Repúblic". Inició su carrera política como un liberal clásico, fué presidente de la Asociación de Industriales de la Madera y del Consejo Hondureño de la Empresa Privada, máximo órgano empresarial de su país. "Mel" como lo conocen a Zelaya en Honduras, tuvo sus dos primeros años de gobierno sin ningún indicio que lo haga diferente de un clásico gobierno liberal de Honduras. Luego de este período sus allegados dicen que hizo un "click" y sufrió una "metamorfosis".
_Esta metamorfosis de "Mel" se reflejó en diferentes posturas de su Gobierno, se sumó al proyecto del ALBA, petrocaribe, que le permitió abrir las licitaciones para la compra de petróleo y sus derivados, esto le contrajo el negocio a ESSO, Shell y a Texaco. Ajustó el Salario Mínimo a la canasta Básica de Alimentos. A pesar de su pasado como empresario maderero, promulgó una Ley de Protección Forestal. Le pidió disculpas públicas en nombre del Estado Hondureño a Cuba por haber permitido el uso de su territorio en los '80 como base de la lucha antiguerrillera de Estados Unidos.
_Lo que hace a la Democracia que sea Democracia es el valor del Voto de los habitantes de un territorio, si alguien o un grupo de "alguien" derroca un gobierno en nombre de la Democracia, atenta contra el único poder que la sustenta, el voto de sus ciudadanos. Nadie puede utilizar el discurso gastado de tomar el poder por el bien de La Nación, o de la Democracia ó de la Libertad, el único que tiene esa facultad es el poder elector de sus ciudadanos y lo que lo ampara su Constitución y sus Leyes. El sistema Democrático prevee que si se obtiene mayoría de votos, el elegido tiene derecho a ejercer el poder que esa elección le confiere, sin interferencias ni atentados, siempre que no viole la Constitución ni las Leyes. Ese ejercicio del poder del Elegido debe durar por todo el tiempo que el mandato popular le asigna conforme a lo estipulado en la Constitución. Interrumpir este ejercicio, no amparándose en las Leyes ni en la Constitución, bajo el modo que fuere implica un Golpe de Estado y un ingreso a una Dictadura de Facto.
_El Caso de Zelaya es este último, una interrupción del poder, en nombre de la Democracia, sin amparo de la Constitución ni de las Leyes de Honduras. Por ello el 4 de Julio Honduras quedó fuera de la OEA, fué suspendida. El último caso fué el de Cuba en 1962.
_Lo que hay que analizar es cómo se llega a este tipo de estrategia de derrocamiento gubernamental, dónde se hicieron las prácticas y cuales fueron los ejercicios aprendidos de años de experiencia.
_El papel de la Conferencia Episcopal Hondureña no es para nada desdeñable, un apoyo inconsulto, ó por lo menos en apariencia, a los golpistas, en nombre de la paz y la libertad, en contra de los cambios, a favor del Imperio, del imperio de Michael Hard y Antony Negri, ese imperio que atraviesa al Estado, a las Sociedades, a las Culturas y sobre todo va de la mano de la Globalización, el imperio disolvente el imperio que destruye al Estado Nación. La Iglesia de la "pax romana" sabe de eso y por ello está a favor.
_La práctica de las derechas que se hicieron ricas en las últimas 2 décadas del siglo pasado se vió reflejada en lo ocurrido en los intentos sesecionistas de la media luna del oriente Boliviano, contra el occidente, llamando a referendums autonómicos sin el aval del gobierno nacional. Sin embargo el espaldarazo recibido por el voto popular a Evo Morales confirmó al gobierno constitucional a su política popular y distrubutiva a la vez acayó a las derechas golpistas que habían causado ya la muerte de decenas de ciudadanos del Beni. Los ejemplos de hombres como Branco Marincovic, sesecionista, empresario sojero y anfitrión de militares pro separatistas y contrarios a las ideas redistributivas del Presidente Evo Morales, que fomenta el racismo y el ataque de la Juventud Cruceñista, un grupo de "patovicas", barrabravas de Oriente Petrolero, que se saludan con la venia de Benito Mussolini y que atacan a los Coyas, Chapacos y otras etnias pacíficas que habitan la rica Bolivia. El Embajador de EEUU en Bolivia era el mismo que aquel que estuvo en los balcanes en la era Clinton, otro secesionista experimentado. Por ello el Presidente Evo Morales lo expulsó.
_El caso más emblemático es el de Venezuela, primero atravesada por instituciones pseudodemocráticas no gubernamentales (ONG's) pro-neoliberales, pro-establishment, pro-EEUU, el Estados Unidos de George Walker Bush. Estas instituciones tienen raíces férreas en entidades Bancarias, Comunicacionales, Empresariales y sobre todo sus alfiles políticos, que son muchos. Juntos armaron el golpe contra Hugo Chavez Frias en Abril de 2002. Pero como fué contra la mayoría de los electores de la ciudadanía venezolana, esta misma fué la que pidió su restitución. Venezuela país rico pero explotado por unos pocos y repartido por unos pocos. Entregado, al igual que Argentina en los '90, a los capitales transnacionales de este y del otro lado del Atlántico. La mayoría de los Venezolanos pidieron su restitución y lo reeligieron. Venezuela es el caso paradigmático y que logró darle impulso al cambio a las instituciones y es el impulsor de la ola que generó los cambios constitucionales en Ecuador y Bolivia y que otros países adhirieron ideológicamente. Democracia electiva, la única que valora el sistema Democrático.
_Argentina tuvo su tembladeral con su conflicto con el "campo", digo... con los capitalistas del campo, aún no se repuso. Ecuador tuvo el suyo con la invasión de su territorio por parte de Colombia y de EEUU por el caso de las FARC. y por su deseo de quitar la Base Militar de Manta. Brasil tuvo el suyo con el caso de los sobornos y Chantajes. El asesinato del Abogado Rodrigo Rosemberg en Guatemala.
_El caso de Honduras fué la culminación, sin errores (aparentes), de un derrocamiento planificado y practicado tras lo sucedido en otros países de Latinoamerica. Aprendieron la lección... Dictar un Estado de Sitio, acallar a los Medios, decir a rajatablas que es todo un proceso Constitucional y Democrático, complotarse con el Congreso, la Justicia y los Militares, represión y negación. No es un "Crimen Perfecto", los países democráticos de Latinoamérica reaccionaron en el momento justo, no dejaron pasar ni un minuto, la reacción... fué perfecta.
_¿Dónde está Honduras? Honduras es el 3er. país más pobre de América, tiene 7 millones de habitantes de los cuales el 12% son etnias nativas. Fué el asiento principal de la cultura Maya y donde se encuetran la mayoría de sus reliquias arqueológicas, fué constantemente dominado por EEUU, en la actualidad tiene 600 efectivos estadounidenses dentro de su territorio. Dominado política y económicamente por "terceros" con intereses sobre su economía y su territorio, formó parte de aquellos países denominados "Banana Republic", países bananeros, es decir dependientes plenos de su agricultura, llegó a ser el primer exportador mundial de Bananos, pero para la muy conocida y estadounidense United Fruit Co. dueña de casi todo el territorio explotado y de sus gobiernos por décadas.
_La reacción Intelectual Estadounidense, 35 profesores universitarios, Noam Chomsky a la cabeza con expertos Latinoamericanos de ese país enviaron una carta abierta a la Secretaria de Estado Hillary Clinton donde pedían que no aceptara bajo ningún criterio el adelantamiento de las elecciones en Honduras a solicitud del Dictador Micheletti, solicitaron, la inmediata reposición de aquel presidente elegido Democráticamente por el pueblo Hondureño, es decir Zelaya.
_A pesar de todo esto hubo 24 golpes de Estado en Asia, Oceanía , Africa y América en los últimos 9 años, algunos exitosos y otros fallidos, 2 de ellos en 2009, uno en Madagascar y el otro en Honduras. El grado de sofisticación que han adquirido esta suerte de "neogolpismos" demuestra que hubo un aprendizaje en las estrategias a tomar ante el Golpe de Estado. Participan de los hechos tanto civiles como grupos de poder económicos, comunicacionales y políticos, instrumentando a los grupos militares como brazo armado.
Por ejemplo, los que se efectuaron en Ecuador –contra Abdalá Bucaram en 1997 y Jamil Mahuad en 2000– fueron ganando en efectividad y sofisticación, al punto de que los “putchs” cívico-militares fueron, a regañadientes, tolerados y aceptados en la región. No existió una virulencia desproporcionada y las sucesiones presidenciales se encargaron de darles visos de cuasi constitucionalidad. Washington y Brasilia (en especial, en el caso de Mahuad) no cuestionaron seriamente lo ocurrido y el Grupo de Río y la Organización de Estados Americanos se desentendieron. en 2004, se produjo la salida forzada de Jean-Bertrand Aristide en Haití. Tal como en Venezuela, en el ejemplo haitiano los golpistas insistieron en que Aristide fue el que provocó, con su comportamiento, la crisis institucional que lo llevó a su remoción del gobierno: de ese modo se justificó la destitución del presidente. De hecho, se producía –al igual que en el caso de Chávez pero esta vez con éxito– una inversión de valores, pues se terminó responsabilizando a la víctima en lugar del victimario. La coalición golpista y Washington aprendieron de un error previo en el caso venezolano: en vez de detener temporalmente a Aristide, el embajador de Estados Unidos puso al depuesto mandatario haitiano en un avión y lo envío a República Centroafricana. Muy al estilo Honduras.

Está en juego en Honduras dos caras de un mismo sistema, pero uno es liberal y el otro distributivo, uno representa lo peor del capitalismo y el otro pretende conjugar el deseo de los que menos tienen, satisfaciendo las peticiones de los más pudientes. Uno anulan al Estado como interventor en las políticas que definen su funcionamiento como tal y el otro da al Estado todo lo que debe tener bajo su poder, el manejo del plano económico, político y social, es decir lo que siempre debío y debe tener.
Defender la Democracia es defender la autodeterminación de la voluntad de sus ciudadanos ejercida a través del voto popular y universal. No defenderla es, para Latinoamérica, no haber aprendido es negarnos, es seguir considerándonos una colonia política y económica, es seguir creyendo que somos incapaces de ser nosotros mismos. La continuación de una Democracia Sostenida en Latinoamérica está en jaque y eso lo sabemos acá en Buenos Aires, lo saben en Honduras, en Venezuela y también en Washington.


Seamos Críticos.
Un Abrazo para todos
Luis