Desde la política ejercida por Hipólito Yrigoyen sobre los obreros, el modo de trato y resolver las demandas, no a la de todos, sino a aquellos vinculados con la economía agroexportadora, ferroviarios y portuarios. Las vinculaciones entre los sindicalistas y el Presidente y sus intereses para restar espacio político y sindical al Socialismo. Como una estrategia a utilizar para con la política con el objeto de lograr la agremiación masiva y el mejoramiento económico, sin que por esto implique cambios en sus posiciones principistas de rechazo a las relaciones formales entre el Estado y/o los partidos. A raíz de estos vínculos
En la década del ’30 y a raíz de la crisis del ’29, Argentina con una economía abierta sufre los vaivenes de los precios internacionales, aunque estas circunstancias no son excepcionales para el país. La inestabilidad de las exportaciones y de la entrada de capitales fue fuerte generador de inestabilidad. Los sueldos y ganancias no sufrieron demasiados cambios, en tanto que en el primer quinquenio la disminución fue similar al del costo de vida, es decir un 20 por ciento. En el siguiente quinquenio resulta una transferencia de ingresos del campo a la ciudad, los salarios tuvieron una tendencia a la disminución aunque en las zonas urbanas el empleo en las industrias generó un aumento del 14 por ciento.
En lo que va de la década del ’30 al ’43 el movimiento obrero se debatía entre dos factores, las tentativas por construir una central obrera única, a la europea, de socialistas, comunistas y sindicalistas; y la irrupción de crecientes masas de trabajadores nativos que se desplazan de áreas rurales a las urbanas y que provocaron un considerable impacto en la estructura social de
En su interior
Durante la década del ’30 los conservadores comienzan a practicar una política que favorece la participación corporativa obrera en detrimento de la participación partidaria. La fractura entre Partido y sindicatos socialistas se hará más honda en las décadas de 1930/40, el partido tendrá ocasión de apreciar un notable proceso de trasvasamiento de dirigentes y cuadros medios obreros socialistas al proyecto del coronel Juan Domingo Perón a posterior del ’43. El Nacionalismo en auge, condenaba a los empresarios explotadores que empujaban a los trabajadores al descontento; por consiguiente, la armonía social estaba basada en salarios decentes y condiciones laborales dignas. Sin embargo conservaron una actitud crítica con respecto a la organización del movimiento obrero. Fresco, Gobernador del mayor centro industrializado del país, Buenos Aires insistía en controlar al movimiento obrero para sentar las bases de un sistema corporativo. El mayor temor de
Con el advenimiento de
A principios de 1943 los gremios adheridos a
El 4 de Junio de 1943 se concibió como la oportunidad histórica para reorganizar las bases institucionales del país, después de la década llamada “infame” signada por la corrupción y el fraude electoral permanente. Los militares a cargo del gobierno nacional intervinieron los Partidos, los Sindicatos, a los grupos de izquierda y decretaron la enseñanza religiosa.
Desde el Departamento Nacional de Trabajo, que luego elevó a Secretaría de Trabajo, se hizo cargo de las preocupaciones de las elites revolucionarias, otrora de la derecha y el nacionalismo, el temor al auge del comunismo en el país y en particular en el mundo del trabajo. Juan Domingo Perón se propuso desactivar esta amenaza mediante una política de concesiones a los trabajadores. Con ese fin tomó distancia de la reacción inicial de
Ya en período de elecciones, los Sindicatos conformaron un partido político propio, atrás había quedado la idea de no conformar partidos, nace el Partido Laborista que junto a
Lejos de generar consensos en todas las clases y poderes, el Peronismo y sus reformas populistas tendientes a el establecimiento del Estado de Bienestar y reducción de la brecha entre incluidos al sistema y excluidos, generó fuerte rechazo de las clases antiguamente dominantes y de los grupos concentrados de poder, comenzó a ser creciente el rechazo dentro del mismo sindicalismo al que organizó, unió y amalgamó de acuerdo a sus necesidades de construcción de poder, ya sea por la vía pacífica o a través de una fuerte imposición autoritaria, a fuerzas de normas y leyes que se hacían cumplir a rajatabla. Los actores clave del surgimiento del Peronismo es la clase obrera, aquellos inmigrantes recientes, que provenientes de las áreas rurales pasaban a engrosar las filas del nuevo proletariado industrial de Buenos Aires, comenzó a establecerse alrededor de mediados de la década del ’30 y ’40. Esta población trasplantada al ámbito urbano tenía como característica la falta de un líder político o líderes, sin organizaciones propias y sin valores consolidados. Proletariado anómico por su falta de sentido de pertenencia en lo temporal y espacial. Así los obreros industriales y su prole se transformaron en “masas en estado de disponibilidad” permeables a la oferta de un liderazgo carismático. La predisposición cultural a los caudillos como Perón, a través de la concesión de ventajas materiales y sucedáneas de participación política. En consonancia con este tipo de participación, el carisma de Perón habría operado como instancia de relación directa entre el líder y sus seguidores, el proletariado.
El fenómeno de cooptación utilizado para identificar la inclusión de los trabajadores en el sistema político, pero como un actor heterónomo – no autónomo – y controlado organizativamente desde el Estado. A través de la utilización de mecanismos de representación de intereses, los sindicatos, controlados por el Estado pero que articulaban sus demandas y la selección de sus dirigentes. De este modo las asociaciones de interés sectoriales operarían – no exclusivamente – como infraestructura institucional de populismo.
En lo que refiere a estas asociaciones de interés sectoriales, los sindicatos que representaban a los trabajadores, los había los “viejos” formados con anterioridad a 1930 (Unión Ferroviaria, Trabajadores del Estado), los “nuevos”, construidos con la industrialización de la década del ’30 (eléctricos, químicos, textil, etc.), y los “paralelos” impulsados por Perón desde el aparato estatal como alternativa a los ya existentes, en oposición a las direcciones comunistas y socialistas. La función que desempeñaron los “viejos” sindicatos y dirigentes en la configuración de la alianza que llevaría a Perón al poder, alianza entre clase obrera y élite política. Los dirigentes “viejos” vieron en el Peronismo la concreción de muchas de sus peticiones nunca escuchadas y en tono con sus prácticas reformistas de la clase obrera y el abanico de soluciones implementadas desde el gobierno tornaba viable la alianza. El movimiento obrero estableció un pacto con el Peronismo, esto denota una autonomía de sus actos, tenían un margen de maniobra que hacía que su líder político tenga que validar constantemente su autoridad sobre las masas por medio de la renegociación.
La organización de la clase obrera en el interior del país fue mas dispar, los bolsones de pobreza, el grado de sometimiento de los trabajadores tanto a sus patrones como a sus líderes políticos, marcaba la existencia de feudos. El Peronismo muchas veces por necesidades electorales recurre a estos dirigentes en detrimento de los intereses de los trabajadores. Las organizaciones obreras en el interior fueron, en casos como Tucumán, reprimidas por el Peronismo por no alinearse a las directivas y tendencias de su liderazgo, el arma legal utilizada era la intervención y posterior desmembramiento de sus integrantes. Surge también una relación entre los créditos que otorgaba el Estado así como los subsidios, los grandes propietarios de los Ingenios en Tucumán recibían estos ingresos vía
Otras miradas hacia lo que fue el desarrollo de los movimientos obreros y sindicales, del resultado de su inclusión en la sociedad política y por su puesto en la cuota de poder que reclamaba hacia las clases que antes fueron las hegemónicas, se traducen en fuertes tendencias hacia la caracterización del movimiento obrero como “oportunistas” en el reparto de beneficios del Estado y de los frutos de una sociedad rica, social y culturalmente. Se consideraba la existencia de una cultura para las minorías y las formas comercializadas de diversión para las masas, de que la participación en la dirección política es para las élites y las masas solo participan con el voto, que es la forma fundamental de mantenimiento de la democracia, “El centro de la cuestión reside en que esta simple verdad se le haga conciente, que la sienta como algo real y concreto…”. Los trabajadores y obreros sólo fueron masas disponibles para un líder autoritario que aprovechando la falta de experiencia sindical y de politización, su formación reciente, sin tradiciones y prestigio, fueron llevadas de la mano y no por autodeterminación. A la caída del Peronismo se creía que habían perdido una libertad que en realidad nunca habían tenido, la participación en la alta política era ficticia, la libertad de ejercicio de sus derechos frente a sus patrones, para estas masas la seudolibertad de la dictadura fue la única experiencia directa de una afirmación de los propios derechos.
En la oposición a la experiencia Peronista los partidos que se sentían marginados del reparto de la política, el Socialismo, Comunismo parte del Radicalismo, trataron de llamar la atención de las masas obreras, o bien, buscaron acciones radicales en oposición al gobierno, reuniones con grupos de poder concentrado, nacionales o internacionales. Reuniones con representantes diplomáticos que comprometían su apoyo a la lucha contra la “dictadura” Peronista liberalizadora de las fuerzas obreras que desestabilizan la sociedad y quitan los réditos a las otrora clases dominantes. Utilizando terminología propias de la segunda guerra intentaban dar un carácter nazi-fascista al gobierno. Sin embargo los obreros no se dejaban engañar tan fácilmente por estos partidos, tenían una fuerte tendencia nacionalista, un rechazo al colonialismo y reivindicaban la soberanía nacional, en contra del poder oligárquico imperial, de la libre empresa del individualismo económico, propio de fines de la década del’30.
Durante el período 1945-1964, se consideraba a la clase obrera, en algunos autores, al proletariado como la clase que tiene mayor probabilidad de actuar consecuentemente y hasta el fin como agente de cambio histórico capaz de construir la sociedad socialista, que en un país con las condiciones argentinas, es el que más probabilidades tiene de superar el atraso y alcanzar la modernización, algo que el capitalismo no pudo obtener. La clase obrera industrial llevaría la voz cantante en este nuevo desarrollo revolucionario, sin embargo desde 1955 la clase obrera se ha mantenido cerca del polo pasivo, sin reacción ni manifestación, reduciéndose a acatar pautas de conducta desde la dirección, daba signos de “quietismo”. Si rechazara el sistema imperante, se puede considerarla como agente de cambio, sin embargo en la situación actual actúa como conservadora del sistema es decir que al mantenerse sin originar cambios da signos de “conservadorismo”. El quietismo de la clase obrera llevó al fracaso de los grupos marxistas en los intentos de seducción y cooptación. La manifestaciones del quietismo se daban ante la falta de reacción hacia los grupos que constantemente los amedrentaba, cuando elegían a un gobernante y a las 24 horas
Posterior a la crisis económica post-peronista y los gobiernos desarrollistas, con la proscripción del único partido que unificaba a las masas obreras, con una fuerte presión y control sobre los sindicatos, se intentaba normalizar la fuerte efervescencia de una clase obrera, de reducir el rol e influencia alcanzada sobre la capacidad de los gobiernos de desarrollar políticas públicas.
La industrialización y el flujo de capitales, la modernización y el desarrollo de la clase media, tanto en lo económico como en lo intelectual, generó una nueva clase de trabajadores, capacitados y con nivel alto de conocimientos, incluso universitarios. Es en las fábricas donde el movimiento obrero parece resurgir, nuevas formas de implementación de la división del trabajo, de socialización del ingreso y las ganancias por parte del capital, dan forma a una mirada de tipo marxista y gramsciana de la situación. La modificación de las relaciones entre industria y sociedad no podía ser concebida, como hasta entonces lo había hecho la izquierda, como simples cambios dentro de una formación económico-social dada. La esencia del capitalismo y su estructura condicionante esencial respecto a los otros elementos es la “estructura técnico organizativa y explotación del trabajo de producción de los bienes materiales, como se concreta en las empresas industriales y en fin, en el sistema social denominado industrial”. El partido Comunista critica esta postura ya que se encuentra anquilosado, prefiere aferrarse a viejos planteos doctrinales antes que analizar estas posturas que se están dando en sus narices, prefieren atrincherarse en sus posturas arcaicas que partir de las modificaciones del nexo industria-sociedad. Se ve en las industria, en la fábrica, un nuevo mundo, en los cambios técnicos y organizativos producidos en su interior y de las modificaciones de las relaciones de trabajo, del nexo cada vez más estrecho entre fábrica y sociedad, de la oposición siempre más profunda entre proceso de socialización del trabajo y apropiación privada del producto social. Este análisis debe ser concebido como base de una acción cultural y por tanto ideológico-política, que tienda a elaborar una política de unidad de intelectualidad revolucionaria y clase obrera. Si la fábrica expresa el grado superior de desarrollo del capitalismo en la industria, es aquí donde la alienación del trabajo alcanza su pleno desarrollo, es también allí donde se abre la posibilidad para la clase obrera de comprenderse a sí misma. La toma de fábricas como Fiat, tendía a poner en el centro del conflicto el autoritarismo de Fiat. El verdadero rostro de Fiat apareció cuando llegó a los grados más extremos de presión para humillar y destrozar la organización obrera. Se trata de que los obreros asimilen esta experiencia si quieren superar la actual fase defensiva de acción política y sindical, de que comprendan que hasta las luchas más intensas pueden ser fácilmente absorbidas y encerradas en un marco corporativo si la lucha no pasa solo por el salario como ítem secundario, sino por la contradicción del capitalismo en la reproducción de la sociedad. Es innegable que en el plano de la acción político-sindical al conservatismo apuntado tiende a oponérsele la unidad de condición que muestra el proletariado ciudadano en su conjunto en determinados momentos de agudización de los conflictos sindicales y políticos. Un hecho notable es la unidad organizativa de las clases, que ha hecho fracasar hasta ahora la política patronal de aislar del resto de la clase obrera a las organizaciones sindicales de G. M. D. y de Kaiser, aún cuando lo haya logrado en el caso de Fiat, Concord y Materfer. Es así que el proletariado de una de las mayores concentraciones industriales del país permanece ajeno a las luchas sindicales y sometidos a una explotación brutal, con un reglamento interno de fábrica que asimila la fuerza de trabajo a un régimen militar. Es por ello que está en las fábricas el objeto revolucionario, por la alienación que sufre el trabajador en el proceso productivo, para relacionarla con la alienación que el trabajador sufre en la sociedad.
Conclusión
El movimiento obrero, a través de sus sindicatos, distó mucho de ser un movimiento cohesionado, ya desde la conformación de su Central Obrera Única
Es durante el interregno de Juan D. Perón que el sindicalismo logra cohesión y homogeneidad, voluntariamente en un principio y por medio de la coacción en varias oportunidades. Las masas obreras vivían en una situación de niños mimados de las políticas del Estado, el Líder las acunaba y las masas daban su apoyo político electoral. El Estado de Bienestar, de la mano del populismo, estaba en pleno auge. Sin embargo la crisis económica de la segunda parte del mandato democrático de Perón provocó una fuerte desestabilización de su gobierno y provocó su caída. Los sindicatos devinieron en Burocráticos y se desconectaban cada vez más de las masas trabajadoras.
Las clases que en algún momento pactaron con Perón, rompieron el equilibrio y tumbaron la balanza, desarticularon muchas medidas de la década Peronista, desactivaron los sindicatos, desconectaron a la clase obrera de su conexión directa con el poder y de su capacidad de incidir en las decisiones de políticas públicas. Se marcaron como revolucionarios y libertadores, hay que ver de quiénes. Las masas obreras sufrieron su persecución tanto como trabajadores como ideológicamente, el partido que las cohesionaba estaba proscripto y los sindicatos intervenidos. Quedaron solos ante
Las centrales obreras,
Lo esencial es que las batallas del movimiento obrero en su mayoría se fueron obteniendo, ganando espacio en el Estado. Si bien no existió un continuo político si existieron las mismas aspiraciones de partes de los trabajadores.
Bibliografía
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